Cuando te cuente lo de la señal, debes entender que al principio no sabíamos que fuera una señal. Soy viejo ahora —casi doscientos Años Estándar— y el recuerdo de aquellos meses tiene la extraña claridad comprimida de los mejores datos astronómicos.
El periódico tenía la fecha equivocada. No equivocada en el sentido de estar atrasada o adelantada —estaba correctamente fechado, 17 de abril de 2028—, pero la cabecera decía The Oakland Tribune, y el Tribune había dejado de publicarse en 2007.
La biblioteca olía a otoño, incluso en junio. Miriam Zhao había trabajado en la Biblioteca Pública de Blackwood durante cuarenta y tres años, y en todo ese tiempo, el olor nunca había cambiado.
La Dra. Shen Yaling notó la discrepancia un lunes, del modo en que los físicos notan las discrepancias — no con alarma sino con irritación, porque las discrepancias significaban recalibración.
El proceso fue descubierto en 2041 y sometido inmediatamente a la revisión ética más rigurosa de la historia científica, no porque fuera peligroso sino porque era singular.
La primera persona en escucharlo fue un estudiante de posgrado llamado David Koh, que estaba trabajando el turno nocturno en el Observatorio de Arecibo un martes de noviembre.
La pastilla se llamaba Vigilancia. Había estado disponible sin receta durante once años, tiempo suficiente para que el mundo hubiera olvidado cómo se sentía dormir.